Las cosas que perdimos en el fuego (Mariana Enriquez)

Grlas cosas que perdimos en el fuegoacias a una reseña que leí en el último número de la revista Mercurio encontré a Mariana Enriquez. ¡Qué suerte! A veces buscar oro me produce estos beneficios. La reseña era sobre su última obra, una biografía de Silvina Ocampo, esposa de Adolfo Bioy Casares y, por tanto, amiga de Jorge Luis Borges, titulada “La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo”. El título y el tema me atrajo de inmediato, seguramente porque he leído hace poco la última obra de Monika Zgustova, “La intrusa. Retrato íntimo de Gala Dalí”, y todavía tengo en la boca el regusto de la admiración que Zgustova transmite entre líneas en su obra.

Lo apunté en mi lista de libros por leer (en Goodreads), y busqué por internet algo más sobre Mariana Enriquez; descubrí su pasión por lo fantástico, por las historias de terror; me interesó; no he leído mucho género fantástico y pensé que una escritora en castellano, aunque con ese deje cautivador propio de los argentinos, podía ser un buen comienzo para iniciarme en el género. Al día siguiente me hice con una de sus novelas “Las cosas que perdimos en el fuego”.

Por eso, cuando de verdad las mujeres empezaron a quemarse, nadie les creyó, pensaba Silvina mientras esperaba el colectivo […]. Creían que estaban protegiendo a sus hombres, que todavía les tenían miedo, que estaban shockeadas y no podían decir la verdad; costó mucho concebir las hogueras.

Es una colección de relatos fantásticos, pero no sólo eso. La fantasía y el terror adornan a los personajes y explican el desenlace, pero las tramas tienen un marcado corte social y describen una ciudad —Buenos Aires— en peligro constante, con habitantes atemorizados que, sólo por vivir, deben hacer gala de una valentía que desde aquí, desde Europa, nos parece (me parece), heróica. Es el género fantástico llevado un poco más allá: relatos de terror que suceden en una realidad igualmente terrorífica.

La construcción de personajes, la descripción de los lugares, la atmósfera, es magistral; y es tal la potencia narrativa que cuando terminas de leer cada relato no sólo ese personaje maligno o misterioso, o esas circunstancias inexplicables, se imprimen en tu recuerdo, sino toda la historia, el alma de lo ocurrido y de quienes lo han vivido.

Sucesos relativos a la magia, lo oculto la monstruosidad de lo inexplicable, transitan por La Villa, o por La Avenida, al lado de gente normal, unos más pobres que otros, pero todos unidos por ese temor constante a que el desecho los alcance. Parece que el niño monstruo o la mansión encantada sólo pudieran encontrarse en esos lugares donde la realidad supera la ficción, donde se está siempre al borde del abismo. Si la humanidad se ha desviado de su camino y nuestros principios y condición arden en la hoguera, es ahí donde los espíritus y la magia encuentran la grieta para entrar en nuestro mundo. Mariana parece haberse dado cuenta. Sólo si se han visto esos monstruos, si se ha reunido en la niñez el valor necesario para mirar dentro del armario, se puede contar algo así de la manera en que ella lo hace.

Adela no había salido de la habitación de los estantes. Nos saludó con la mano derecha, parada junto a una puerta. después giró, abrió la puerta que estaba a su lado y la cerró detrás de ella. Mi hermano corrío, pero cuando llegó a la puerta, ya no pudo abrirla.

Si alguna vez me encuentro con esta escritora, le preguntaré cómo hace para alejar los miedos, y si la literatura, y la reflexión son su secreto. ¿O hace falta vivir en Buenos Aires para tratar al Terror de tú a tú?

De todos los relatos, me quedo con tres. “La casa de Adela”, “El chico sucio” y “El patio del vecino”. En todos ellos el elemento fantástico o terrorífico se personifica en un niño o en lo que le sucede, y eso les imprime ese “algo” de realismo que es necesario para plantear una duda razonable. Todos sabemos que los niños les pasan cosas raras; ven lo que los adultos no vemos; sienten distinto y lo fantástico, lo oculto, no les extraña. A veces señalan una puerta como si acabara de entrar alguien, y te miran sorprendidos de que tú no lo veas. Adela, el chico sucio, o el chico del patio del vecino son reales en la mente de un niño. Y Mariana consigue recordar algo que los demás hemos olvidado: que en algún momento de nuestra infancia todos vimos un fantasma.

Félix.

Anuncios

2 comentarios sobre “Las cosas que perdimos en el fuego (Mariana Enriquez)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s