Sin destino (Imre Kertész)

Cob. Sin destino 3 reimpTuvo que coger distancia Imre Kertész (Budapest 1929-2016) para escribir esta obra maestra que, sin ser una autobiografía, cuenta un año y medio de la vida de su alter ego, un adolescente que en el año 1944, y con tan sólo 14 años, pasó por los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, entre otros. Supongo que cuando intentaba comprender los sucesos vividos, por su personaje pero también por él mismo, le costó ponerlos en orden, encontrarles una explicación, dar con el punto de vista adecuado, el que iba con su personalidad, con su naturaleza, con su pedigrí de escritor puro ajeno a las corrientes políticas. Seguramente por esto, sólo lo supongo, tardó más de treinta años en poner negro sobre blanco la barbarie que ajó su propia piel.

En Sin destino el autor húngaro pinta la crudeza del holocausto con témperas, con lapiceros escolares, en color pastel, y parece un dibujo hecho por un niño. El horror se presenta difuminado por la ingenuidad de quién no conoce los engranajes del mundo, de quién no ve nítidamente la maldad. Pero el lector, al observar el dibujo, percibe la oscuridad en toda su magnitud. La descripción de un olor, nos traslada a un horno crematorio, la visión del hacinamiento en los trenes y la descripción del hambre se nos cuenta de manera casual, a través de anécdotas; y mientras, tú, lector, te das cuenta de que ese niño está siendo asesinado, exterminado, poco a poco, un día tras otro. Cuando al final de la novela el protagonista se mira en un espejo y ve sólo piel sobre huesos, no te extrañas. Él parecía no haberse dado cuenta, pero tú si.

“Es un hecho demostrado que nuestra imaginación permanece libre incluso en condiciones de privación de libertad. Yo podía, por ejemplo, hacer lo siguiente: mientras mis manos estaban ocupadas con la pala y el pico […], yo lograba escapar de allí. Al mismo tiempo, me di cuenta de que la imaginación no es ilimitada, pues con el mismo esfuerzo me habría podido trasladar a Calcuta, Florida o a cualquiera de los lugares más bellos del mundo. Sin embargo, como eso no me parecía bastante serio, y no me habría resultado muy convincente, la mayoría de las veces me quedaba en casa”.  

Imre Kertész nunca se sintió judío, sólo húngaro. No pertenecía a una familia judía practicante, pero eso dio igual. Fueron sus propios vecinos, sus hermanos, sus compatriotas quienes lo exiliaron, quienes lo hicieron con una gran parte de su propio pueblo, y lo hicieron sin echarles del país, simplemente despojándolos de su nacionalidad. Muchos años después, tras haber publicado Sin destino, cuando Hungría se había desvinculado del yugo germánico pero se cubría de la lluvia bajo el paraguas estalinista, todavía su propio país aseguraba que Imre Kertesz no era húngaro, sino judío. Hasta casi el final de su vida, fue periodista y traductor, además de escritor, pero su obra pasó desapercibida, y no fue hasta casi los años ochenta que ganó crédito internacional.

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Imre Kertész (Foto de Wikipedia)

He leído algunas reseñas y artículos que encuentran la causa de dicha marginación en su condición de escritor incorruptible, en el hecho de que no había posicionamiento político en su obra. Él quería describir el mundo desde fuera y esto no gustaba. ¿Puede describirse el holocausto sin expresar una sola opinión, sin posicionarse ni del lado de las víctimas, ni del de los verdugos? Imre Kertesz lo consigue. Se limita a describir los hechos, incluso se permite expresar abiertamente, en boca de su personaje, la admiración que sentía por el “amigo” alemán: su fortaleza, su meticulosidad, su perfeccionismo.

Sin destino ganó el premio Nobel en el año 2002; no lo ganó Imre Kertesz, lo ganó ese adolescente incrédulo, que intentaba poner sentido común y coherencia en lo que estaba viviendo. Lo ganó porque Sin destino es un grito callado al mundo para reivindicar que lo que le ocurrió no estaba predeterminado; y si alguna vez hubo un destino, si puede decirse que existe un final ya escrito para cada uno de nosotros, los que sufrieron aquel horror vieron el suyo evaporarse y adquirieron conciencia de que todo era cambiante, y de que su vida o su muerte dependían de la más pura arbitrariedad.

 

Félix.

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2 comentarios sobre “Sin destino (Imre Kertész)

  1. Encontré esta joyita en los libros de segunda mano. No me lo podía creer, me lo cogí de una sin pensarlo y todo para que siga esperando en mi librero. Excelente opinión, invitas a leerlo aunque este mes estoy dedicada a los Detectives Salvajes, así que va a esperar un poquito más.
    abrazos

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