La Madona de los coches cama (Maurice Dekobra)

la madona de los coches cama caratulaReconozco que me encantan los libros de Editorial Impedimenta; son libros de edición y diseño cuidados, y portadas originales; y además los autores que publican casi siempre me gustan. Leí a Arturo Perez Reverte una vez decir algo así como que no conocía nada más placentero que leer un buen libro bien encuadernado. Yo conozco algunas cosas mejores, aunque estoy de acuerdo con el espíritu de dicha afirmación. El caso es que leí una reseña sobre este libro, y parecía divertido, aunque al ser de Impedimenta no sé si me decidí a comprarlo y a leerlo como puro objeto de deseo o simplemente como lector.

Maurice Dekobra (pseudónimo de Ernest-Maurice Tessier, Paris 1885-1973) narra la historia de Lady Wynham, una aristócrata británica provocadora y outsider que, ante sus apuros económicos, decide explotar unos yacimientos de petroleo que posee en Georgia. A fin de arreglar todos los permisos y autorizaciones necesarias para comenzar la explotación, Lady Wynham envía a su asistente personal, el principe Seliman, a la rusia bolchevique. Conseguir dicha explotación es su última oportunidad de poder mantener su vida ociosa de fiestas, vestidos y derroche sin perder la libertad, pues de otra forma sólo podrá hacerlo echándose en los brazos de algun nuevo rico, algún burgués empalagoso e  inculto.

Pero lo que parece simple se complica y durante ese viaje el principe Seliman se ve implicado en una lucha a muerte entre dos facciones de un peligroso triángulo amoroso, lo que desencadena toda una serie de acontecimientos exóticos y con cierto toque disparatado: viajes en el Orient Express, micrófonos bajo las alfombras persas, celdas malolientes, asesinatos a la luz de la luna; todo ello contado en un lenguaje victoriano de principios del siglo XX, que encaja a la perfección en la aristócrata Lady Wynham, y más aún en su secretario.

“-Siento que mi pisito de soltero no sea nada cómodo, pero no es culpa mía. 

-Deje de bromear, Seliman. Leo el miedo en sus ojos. Puede que con esa máscara consiga engañar a otra, pero no mi. Sé que su alma tiembla.[…].

-Se equivoca, señora. Un gentleman es capaz de mirar a la muerte a los ojos, aunque sólo sea para darle una lección.

-¿Una lección de qué?

-De savoir-vivre.”

Los dos personajes principales están tan perfectamente caracterizados que a veces las letras se difuminan y aparecen delante de tus ojos. Entonces puedes percibir el aroma de su perfume, los contornos de su cuerpo, sus modales refinados. El registro de ambos personajes es el de personas inteligentes, bien habladas y educadas, aunque también irónicas, y encajan a la perfección en la época y en la trama. Con sus diálogos yo llegué a partirme de risa, en alto, yo solo (Tere me escuchó reirme y ahora también lo quiere leer). El principe Seliman es sin duda mi personaje favorito. Me recuerda un poco al personaje de Niles Crane de la serie “Frasier”, es igual de esnob y de estirado, aunque en un duelo de retórica inteligente creo que Gerard Seliman ganaría al eminente psiquiatra.

“-Ya que sois incapaz de sugerirme una idea original -me dijo lady Diana al tiempo que me mostraba ambos pechos desnudos, liberados del encaje de seda que los aprisionaba cual pálidas palomas caídas en la trampa de una jaula rosada-, voy a haceros una pregunta con total confianza. Decidme la verdad, querido: ¿pensáis que haría el ridículo si bailara desnuda en la matinee de caridad del Garrick’s?.

-¡Debeís de estar bromeando! -añadí-. Vuestras mejores amigas alaban unánimemente el contorno de vuestra cintura, el cimbreo de vuestras caderas y, en general, el clasicismo de vuestra academia”. 

En cuanto al tiempo en que transcurre la historia, se percibe en la novela la preocupación que existía en la Europa de 1925 por el mastodonte bolchevique, aunque en mi humilde opinión no se trata de una novela de mucho calado político; para mi es tanto como una deliciosa trama de enredo, con toques románticos, de novela negra y de espías. Obviamente los comunistas son los malos de la historia, y también los tontos, aunque algún personaje secundario parece redimirlos y no salen tan mal parados. Leeré algo más de este escritor seguro. Me ha hecho pasar un buen rato y por eso os lo recomiendo. Espero que vosotros también lo paséis bien leyendo este magnífico libro.

Félix.

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