Maupassant y “el otro” (Alberto Savinio)

Maupassant y el otro_caratulaLa mejor reseña que podría hacerse de este ensayo novelado, sería despachar su contenido, su estructura, su estilo y su mensaje, en medio párrafo, y dedicar el resto de la reseña a disparatar, a hacer juegos de palabras o a trastocar la ortografía y la semántica. Como si la reseña estuviera escrita por dos personas distintas, yo, y “el otro”, que también sería yo pero más divertido. Si consiguiera hacer esto, pero además de forma inteligente, mordaz, ocurrente y divertida, como lo hace Alberto Savinio, sólo entonces conseguiría hacer la reseña que este libro se merece.

Como yo soy yo, y ninguno más, o eso creo, haré mi propia reseña.

Editorial Acantilado ha recuperado esta irreverente obra en la que Savinio, que también era pintor, bosqueja un cuadro surrealista con Maupassant en el centro y el resto de personajes —su madre, su padre natural “Gustave” y su padre putativo “Flaubert”— a su alrededor, en los márgenes del lienzo y bailando todos de la mano una especie de conga (al menos, así me los imagino yo). Incluso el propio Savinio aparece en el cuadro como si fuera un personaje más de su propia obra, pero transfigurado (otro más) en Nivasio Dolcemare, un alter ego que ya aparecía en alguna otra de sus obras anteriores

En ese cuadro de pequeñas dimensiones pero pintado con pincel de un solo pelo se representa la vida entera de Maupassant, desde su nacimiento hasta su muerte, pasando por sus años de locura, que Savinio personifica magistralmente a través de “el otro”, un segundo Maupassant, negro, que se instala en la mente del primero, blanco, decidido a matarle y suplantarle.

Maupassant comienza a ver lo que los otros no ven, lo que ni él mismo vería de haber seguido siendo el Maupassant de antes. Mira fijamente el suelo, ve un hormiguear de insectos que lanzan a una gran distancia chorros de morfina.

Según cuenta el autor hubo dos Maupassant: uno más serio, gris y aburrido, y otro , ya en sus últimos años, más divertido, ocurrente y mucho más interesante. Eran un sólo cuerpo con dos personalidades, y el más listo se empeñaba en dejar en evidencia al antiguo Maupassant, en ponerlo en ridículo haciendo parecer al original un auténtico demente para, así, poder finalmente suplantarlo. La guinda del pastel para una biografía “no al uso” y desternillante, son las 101 notas aclaratorias que el autor nos regala y que no tienen desperdicio; aclaran sólo en algunos casos, en otros son desvaríos dalinianos de una mente escritora privilegiada que confieren al ensayo un tono caústico y caótico que compensa con creces la incomodidad de tener que leer el libro haciendo uso de dos marcapáginas.

75.     Maupassant no usaba más que sombreros hechos a medida. El obstetra que le ayudó a venir al mundo le había modelado la cabeza dejándosela de una perfecta redondez y distinta respecto a los formatos habituales.

Por último, especialmente interesantes son los comentarios sobre el papel que Flaubert jugó en la vida y obra de Maupassant: padre putativo de Maupassant y mentor culpable de todo, especialmente del esbirro literario de su pseudo-hijo y aprendiz (la palabra “esbirro” aquí no pega ni con cola; debería haber escrito “estilo” pero el ordenador y su corrector automático transmutó tres veces la palabra y pensé que era una señal del más allá que me mandaba Savinio; decidí entonces dejarlo así).

¡Gracias Acantilado!

Y hablando de agradecimientos, una curiosidad relacionada con el autor y el libro que reseñamos, para quién le interesen los escritores de estilo libre, que no se someten a las normas comúnmente aceptadas.

Quién dio las gracias a la editorial públicamente fue mi admirado Enrique Vila-Matas, y lo hizo en su reseña sobre Maupassant y “el otro” escrita el 25 de junio de 2018 (precisamente el día de mi cumpleaños) en Café Perec (podéis leer la reseña pinchando aquí ).

Lo que no dijo Vila-Matas en su reseña es que hace nueve años, en Babelia, ya escribió otra sobre este mismo libro (también podéis leerla pinchando aquí).

Al leer ambas reseñas no pude evitar imaginarme a mí mismo escribiendo otro ensayo Saviniano titulado Vila-Matas y “el otro”. En él contaría la vida y obra del Vila-Matas aprendiz de Sergio Pitol, arrendatario de Marguerite Durás, ventrílocuo con una sola voz, escritor solitario y residente en Funchal; y lo dibujaría sentado en algún café, fumando y escribiendo, enfermo de literatura portátil. Ese Vila-Matas fue sin duda quien escribió la auténtica, original y reveladora reseña sobre el Maupassant de Savinio, la de hace nueve años en Babelia. “El otro” Vila-Matas, el que escribió la del día de mi cumpleaños, sería el huésped, el inquilino, el okupa; el que intenta suplantar al verdadero Vila-Matassant (Savinio está aquí, a mi lado, tecleando en el ordenador) a base de copiar y aderezar sus reseñas anteriores.

Félix.

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