Dora Bruder (Patrick Modiano)

caratula dora bruder modiano

Un ligero pinchazo en la sien, primero; una pequeña quemadura en un costado, después; y —finalmente— un puñetazo en el estómago que me dejó sin respiración y me humedeció los ojos de dolor y frustración. Eso es lo que sentí cuando leí Dora Bruder de Patrick Modiano. Te espera agazapada, parece inofensiva y, cuando menos te lo esperas, ¡zas!, gancho en la barbilla, y tienes que parar de leer para recomponerte, aunque ya no eres el mismo: te duele una costilla, te sangra la ceja, estás exhausto.

“Centenares de adolescentes como Dora fueron detenidos ese mes de junio en las calles, según las consignas precisas y detalladas de los señores Tanguy y Hennequin. Todos ellos pasaron por la prisión preventiva y por Drancy antes de ser enviados a Auschwitz”. 

Como es una novela corta empecé a leerla una mañana de verano y de una sentada casi me la terminé; ese día iba con Tere, Pablo y Candela al Rincón de la Victoria a pasar el día en la playa con unas amigas de Tere. Comimos macarrones con carne: mientras los demás charlaban yo no podía quitarme de la cabeza a esa adolescente judía, rebelde e inconformista, caminando sola por las calles del París ocupado, huyendo del orfelinato y sin poder acudir a la habitación de Hotel donde vivía su madre. Sola, en el frío de un París hecho cenizas, se hizo adulta de golpe, como muchos. Tere me miraba extrañada, mientras yo me tocaba la frente. Terminé los macarrones a duras penas; con el café ya no pude.

Me llamó la atención el narrador en primera persona, que parece ser el propio Modiano, y que se desenvuelve mitad como un cámara de cine mitad como un detective: observando, analizando pero también suponiendo. También el detalle sobre las calles de la capital francesa. La novela es un verdadero callejero, que le sirve al autor no para situar la acción, sino para que comprendamos la cercanía del horror, su realidad. Es en el detalle de las calles y las descripciones de los edificios —posteriormente derruidos o sustituidos por nuevos edificios residenciales— cuando la magnitud de aquella matanza se presenta ante nosotros con volumen, cuando podemos tocarla y olerla. Dora Bruder paseó por donde hoy podemos pasear nosotros, estuvo recluida en un edificio donde hoy podríamos comprar un souvenir si fuéramos a París. Y ya no podemos quedar al margen.

“Muchas personas cercanas a las que no llegué a conocer desaparecieron en 1945, año de mi nacimiento”. 

A modo de investigación, la novela parece centrarse en resucitar a un personaje anónimo para convertirlo en símbolo de la barbarie; pero esto es sólo la fachada: Modiano sorprende por contar lo que no se había contado hasta el momento, el colaboracionismo en lo que respecta a la “cuestión judía” y el servilismo de la aristocracia, la policía y la administración francesa con sus invasores. Y todo eso aquí al lado, anteayer, a la vista de todos.

No es una lectura de verano, desde luego. Una tumbona no es buen sitio para comprender que el horror nunca es anónimo, que tiene nombre y apellidos y que no puedes desentenderte. Quienes sufren son tus vecinos, tus maestros, tus compañeros de trabajo. Si la novela la hubiera escrito Manuel Vilas seguramente habría terminado diciendo que la historia de Dora Bruder es como un rinoceronte, amarillo, enorme,… y embiste.

El verano se fue. Armaros de valor y a por ello.

 

Anuncios

Un comentario sobre “Dora Bruder (Patrick Modiano)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s